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Los hábitos básicos de conducta

 
Juan Valls Juliá.
Consultor Pedagógico
   

En tertulias y sesiones específicas o informales, los padres se preguntan en qué deben ser exigentes con sus hijos. La preocupación por los “hábitos” de conducta es un lugar común y un motivo claro de inquietud. En el aire siempre flota una pregunta, hecha con interés pero también, hay que decirlo, con temor: ¿cuáles son los hábitos básicos y cómo desarrollarlos? Si la pregunta sólo tuviera el primer término no valdría la pena contestarla.

La respuesta es larga, pero a buen entendedor pocas palabras bastan. Para cualquier lector o lectora algunas palabras y frases le moverán a preguntar más y a vencer el reparo a abordar un tema difícil, en gran parte responsable de los cabellos blancos de los padres...

Aunque podemos resumir los hábitos básicos de muchas maneras, nos gusta hacerlo así, de forma dinámica: alimentación, sueño, higiene y orden. Los llamamos básicos, porque sin ellos no puede pretenderse haber educado la voluntad de cada niño y niña y, en consecuencia, se hace muy difícil la convivencia con el o ella. Es decir: tendremos delante a un “impresentable” en sociedad. ¿Quién lo quiere?

Los padres –tantas veces ayudados por educadores profesionales- han de proporcionar uno límites precisos en relación con cada hábito. Un buen reto es elaborar, para cada familia, esta normativa, intentando que estos límites sean 12-15, pero no más.

Una sugerencia: aunque los hábitos básicos siempre son lo mismos, no olvidar que, según las edades, debe cambiar la forma de afianzarlos. La llegada a la edad de la razón marca un hito, con la famosa pregunta: - Dime, ¿crees que esto está bien o no?-.
El niño, la niña ha de saber EXACTAMENTE cuáles son estos límites; los padre y educadores no han de apartarse de estos límites; es decir, no han de hacer concesiones. Esto significa que tienen de actuar siempre –a la vez o indistintamente-:

• con el mismo estilo,
• con los mismos criterios,
• con claridad,
• con firmeza.

Cada niño/niña es distinto, pero todos desean aprender mucho, bien, y ser los mejores a medida que van creciendo. Si el modelo que los padres y educadores ofrecen es claro, firme, constante, este deseo se cumplirá; a partir de los seis años cualquier persona que vea a esta niña o a este niño sabrá apreciar la educación que ha recibido, fruto de un duro pero artístico trabajo.

Es cierto que hace falta una notable virtud para educar así. De todas las cualidades que ha de tener el educador que se ha propuesto el desarrollo de estos cuatro hábitos en sus niños, quisiera destacar

• la visión positiva,
• el sentido positivo,
• confianza en el niño
• confianza en uno mismo.

Si estas condiciones se mantienen, día a día, y la firmeza no decae, los adelantos no tardarán en verse.

Este hermoso plan tiene fisuras, algunas tan grandes que son auténticas grietas:

• la disparidad de criterios al encarar una situación,
• disparidad de valores,
• motivaciones personales por encima de la necesidad del niño o niña,
• indeferentismo ante situaciones que reclaman una postura clara.

Ya es hora de preparar un nuevo plan educativo. No hay que pensar en las dificultades, sino en la necesidad. Todo hijo –también los alumnos- sienten muy vivamente el deseo de que se les muestre el camino correcto de conducta; camino que les llevará a una estupenda autonomía y a una enriquecedora convivencia.


Juan Valls Juliá

Bibliografía adicional sobre el tema:

- El desarrollo total del niño. Juan Valls Juliá. PALABRA
- Una metodología para el éxito. Juan Valls et al. CASALS.

Dónde asesorarse:

vais@jet.es

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