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En
tertulias y sesiones específicas o informales, los padres se
preguntan en qué deben ser exigentes con sus hijos. La preocupación
por los “hábitos” de conducta es un lugar común
y un motivo claro de inquietud. En el aire siempre flota una pregunta,
hecha con interés pero también, hay que decirlo, con temor:
¿cuáles son los hábitos básicos y cómo
desarrollarlos? Si la pregunta sólo tuviera el primer término
no valdría la pena contestarla.
La respuesta es larga, pero a buen entendedor pocas palabras bastan. Para cualquier lector o lectora algunas palabras y frases le moverán a preguntar más y a vencer el reparo a abordar un tema difícil, en gran parte responsable de los cabellos blancos de los padres... Aunque podemos resumir los hábitos básicos de muchas maneras, nos gusta hacerlo así, de forma dinámica: alimentación, sueño, higiene y orden. Los llamamos básicos, porque sin ellos no puede pretenderse haber educado la voluntad de cada niño y niña y, en consecuencia, se hace muy difícil la convivencia con el o ella. Es decir: tendremos delante a un “impresentable” en sociedad. ¿Quién lo quiere? Los padres –tantas veces ayudados por educadores profesionales- han de proporcionar uno límites precisos en relación con cada hábito. Un buen reto es elaborar, para cada familia, esta normativa, intentando que estos límites sean 12-15, pero no más. Una sugerencia: aunque los hábitos básicos
siempre son lo mismos, no olvidar que, según las edades, debe
cambiar la forma de afianzarlos. La llegada a la edad de la razón
marca un hito, con la famosa pregunta: - Dime, ¿crees que esto
está bien o no?-. • con el mismo estilo, Cada niño/niña es distinto, pero todos desean aprender mucho, bien, y ser los mejores a medida que van creciendo. Si el modelo que los padres y educadores ofrecen es claro, firme, constante, este deseo se cumplirá; a partir de los seis años cualquier persona que vea a esta niña o a este niño sabrá apreciar la educación que ha recibido, fruto de un duro pero artístico trabajo. Es cierto que hace falta una notable virtud para educar así. De todas las cualidades que ha de tener el educador que se ha propuesto el desarrollo de estos cuatro hábitos en sus niños, quisiera destacar • la visión positiva, Si estas condiciones se mantienen, día a día, y la firmeza no decae, los adelantos no tardarán en verse. Este hermoso plan tiene fisuras, algunas tan grandes que son auténticas grietas: • la disparidad de criterios al encarar una situación,
Ya es hora de preparar un nuevo plan educativo. No hay que pensar en las dificultades, sino en la necesidad. Todo hijo –también los alumnos- sienten muy vivamente el deseo de que se les muestre el camino correcto de conducta; camino que les llevará a una estupenda autonomía y a una enriquecedora convivencia.
Bibliografía adicional sobre el tema: |
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