Animaste
a los pequeños que tenían sus cuadernos de verano
a terminar a toda prisa las tres últimas páginas
que les quedaban por hacer y muchos otros detalles que padre
y madre habéis hecho con toda la ilusión para
que la puesta a punto del primer día del colegio fuera
inmejorable.
Los más pequeños de tu casa van recordando
contigo el nombre de los amigos y amigas con los que se
encontraran al empezar el curso, lo hacéis a menudo,
crees que así no les costará tanto la separación
y aceptarán mejor el cambio, aún resuenan
en tus oídos, cabeza y corazón los llantos
del benjamín de tus hijos al empezar la guardería.
Tus hijos adolescentes están desde hace días
“colgados” del teléfono hablando de las
experiencias de verano con los de su grupo.
Antes de empezar el verano te recordaba la necesidad de
seguir con alguna de las pautas marcadas en el hogar para
obtener la creación de hábitos que habías
conseguido el curso pasado y, de música de fondo,
(como te he escrito a menudo) vivir los límites y
la obediencia -por parte de tus hijos e hijas- y el diálogo,
la alegría y el buen humor -por tu parte-. Este tema
debe estar asumido para siempre y al empezar la escuela
procuraremos ser constantes en las costumbres establecidas
y conservarlas.
Hoy te sugiero no olvidar algo que conviene evitar:
Demostrar prisa. Es mal aliada para la serenidad y la convivencia
familiar
Una gran verdad es que el tiempo que ha pasado no vuelve
y que vale la pena vivirlo con el máximo aprovechamiento,
a la vez, al hablar del espacio familiar debe ser un tiempo
de calidad. Nuevo curso, nuevos retos. Solo hace falta proponernos
pequeños objetivo y el hecho de demostrar calma y
dar calor a nuestra familia es un bien que facilita la obtención
de buenos resultados educativos.
Tienes a tus pequeños desayunando antes de ir hacia
la escuela; estas pensando en la reunión de primera
hora de la oficina y mientras pones la lavadora de ropa
vas diciendo a los “peques” estas frases: “daros
prisa que hemos de llegar puntuales al colegio”, “¡ahora
te has manchado!, “rápido dame la camiseta,
vete a buscar una de limpia”, “no te olvides
el bocadillo”, “no molestes a tu hermano, no
os peleéis”, “llegaremos tarde”.
Salís todos acelerados, llegáis a la puerta
del colegio: “adiós, portaros bien”.
Crees que todo ha ido bien: “ahora me concentro
en la reunión de trabajo y en las ideas geniales
que debo aportar”. Luego reflexionas y te preguntas:
¿Cuántos besos y caricias he entregado a mis
pequeños al levantarse de la cama?” “¿Les
he hablado de ofrecer a Dios, el estudio, el juego el dia
de hoy?” ¿He dialogado con ellos mientras tomaba
mi café con leche, interesándome por sus cosas?”
-“Siempre estoy a tiempo de rectificar. Luego los
iré a buscar al “cole” y les preguntaré
por sus cosas, los abrazaré…Mañana podré
esforzarme para no contagiar mis prisas y amoldarme a su
ritmo que no es el mío”.
El afán por empezar cada día con renovada
ilusión se actualizará gracias a las experiencias
y aseguraría sin miedo a equivocarme que tu padre
o madre valorarás que tu tiempo de cualidad es el
bien más apreciado que desean de ti los que te quieren.
Con tu tiempo no les das nada material, sino que te das
tu mismo.