También
se puede ridiculizar a la persona que sabe respetar, diciendo
de ella que es una reprimida, cuando sabe callar para no importunar
a los de su alrededor. La dignidad de la persona está,
más bien, en vivir para los demás, aunque esto
degenerara en una cierta pérdida de valoración
que quedaría compensada por el gozo profundo de saber
amar. Es uno mismo quien debe evaluarse y tener una jerarquía
de valores, que le indiquen que escoge libremente.
Acostumbrar a las criaturas a estar por los detalles pequeños
para hacer la vida más agradable a los demás
es aprender a convivir en paz. No es necesario tener demasiadas
normas de urbanidad escritas en un libro, sino que padres
y madres tienen que dar testimonio. En este tema del comportamiento,
si que queda grabada la imagen que se da en el hogar.
Hace poco, mientras esperaba mi turno para comprar en una
tienda, un pequeño de tres años reclamaba a
su madre la golosina que le había comprado. Ella, serenamente,
le contestó: “por favor”, y el niño
lo repitió y recibió la golosina, también
con el recordatorio de dar las gracias y tirar el papel de
envolver en la papelera.
Otro día, yendo en autobús, subió un
anciano, haciendo un gesto de contrariedad puesto que todos
los asientos estaban ocupados. De la parte de detrás
se levantó una niña de unos 12 años y,
con una sonrisa, sentó materialmente al hombre en el
asiento que ella ocupaba.
Andando por la calle de mí distrito vi la siguiente
escena: una chica muy bien arreglada estaba sentada en un
banco de la calle, dando conversación a un mendigo,
de los que van recogiendo con un carrito todos los desechos
aprovechables que encuentran.
Tres ejemplos vividos a los que podríamos, cada uno
de nosotros, añadir otros; cosas pequeñas de
la vida diaria que ayudan a vivir el civismo y la solidaridad.
En una entrevista a una persona de reconocido prestigio en
el terreno educativo, se le preguntaba sobre el civismo. Una
de las respuestas que daba haciendo referencia a los medios
de comunicación, decía que "eran responsables
del lenguaje pobre de los niños, que repiten lo que
aprenden a la televisión". ¿Estamos atentos
en la familia de tener cuidado de las palabras que utilizamos
y de qué programas ven nuestros hijos?
El comisario de la Exposición "Buenas prácticas
urbanas" del Foro 2004, Nicholas You, en una reciente
entrevista publicada, explicaba la iniciativa de la ciudad
de San Andrés (Brasil): "La ciudad decidió
convocar a los jóvenes 'grafistas', organizando concursos,
y a los ganadores se les hacen encargos oficiales. La ciudad
se aprovecha de su arte y a la vez canaliza sus intereses
en formación, diseño, oficios...".
Para concluir: ¿somos realmente transmisores de valores
que animan al buen comportamiento en el ámbito familiar
y en el ámbito social?
Enumeraremos algunos puntos para tener en cuenta en la educación
de nuestros hijos e hijas:
• Promover el buen gusto y la sensibilidad por las cosas
bellas.
• Evitar ver programas de televisión de violencia,
de tele basura o de lenguaje grosero.
• Moderación en las comidas, procurar conversar
en la mesa escuchando las opiniones de los demás.
• Aspecto personal agradable, sin estar a la última
moda, pero limpio.
• Canalizar la rebelión de los adolescentes,
procurando lugares de tiempo de ocio adecuados.
• Puntualidad para no hacer perder el tiempo a quienes
nos están esperando.
• Escuchar música con el tono adecuado.
• En la calle: hacer servir contenedores, papeleras,
no ensuciar.
• Deferencias con las personas mayores, inmigrantes,
discapacitados etc.
Cada cual tiene a su alcance muchas otras prioridades, estas
son las mínimas para convivir con civismo y solidaridad.