La empatía es el esfuerzo que realizamos por reconocer
y comprender los sentimientos y actitudes de las personas,
así como las circunstancias que los afectan en un momento
determinado. Ciertamente que, cuando calzamos los zapatos
de los demás y andamos juntos un rato estamos siendo
empáticos. Gandhi nos lo recordaba cuando decía:
“las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos
en el mundo se acabarían si las personas se pusieran
en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de
vista”. ¿No se comprenderían mejor las
alegrías y preocupaciones de los familiares y amigos
y estaríamos más capacitados para animar y ayudar?
Es cierto, también, que al salir de nuestro egoísmo
por estar por los otros disfrutamos d’una grande felicidad.
Recuerdo una amiga mía que me explicaba que a medio
hablar de un conflicto que tenía con su madre le había
dicho (seguro que con muy buena voluntad): “no te preocupes
con el tiempo esto se arregla”. El caso es que aquella
joven no se había notado nada comprendida, necesitaba
de la empatía y del conocimiento de su madre de la
totalidad de su problema. Esto parece la situación
de aquel pobre enfermo que a punto de ir al quirófano,
por una operación de riesgo, se le dice con cara alegre
(también con muy buena voluntad) “todo se resolverá
inmediatamente”, cuando esta esperando una persona que
le haga lado con serenidad y cariño y que comprenda
su sufrimiento.
Podría ser habitual que no supusiera ningún
problema expresar lo que sentimos o queremos o tratar las
discrepancias, incluidos los conflictos, cuando el interlocutor
es un amigo o un compañero de trabajo, en el caso de
que haya una buena sintonía, pero se puede hacer más
complicado con algún familiar. A menudo querríamos
resolver el problema y nos preguntamos el por qué de
aquella situación: “¿por qué no
puedo comunicarme con este hijo?”, o bien “cuando
le aviso de algo, ¿por qué no me deja hablar?”.
La solución la encontraremos reflexionando para saber
que es lo que realmente necesita en aquel momento.
Aun así todos tenemos carencias para encontrar el momento
ideal por reencontrar la confianza y supone un esfuerzo que
da buenos resultados, si nos fijamos en la empatía
que es, sin duda, una habilidad que nos ayuda a leer emocionalmente
al más próximo. Sería deseable y casi
parece natural que entre familiares no hubiera problemas de
convivencia. Los vínculos que dan el calor familiar
hacen que haya una notable confianza que no se encuentra en
otros entornos. Por eso es por lo que cuando encontramos que
tenemos la sensación de mala relación con algún
familiar, el dolor es más fuerte; incluso nos puede
afectar la salud.
John Cacioppo, profesor de Psicología de Chicago nos
dice: “Las relaciones más importantes en nuestras
vidas y las que más incidencias parece que tienen sobre
la salud son las que mantenemos con las personas que convivimos
cotidianamente”. Pues animémonos a mantener una
actitud empática que nos proporcionará paz y
armonía en’l ámbito familiar y social.
Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar
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