Ciertamente, el respeto por las opiniones de todos es fundamental,
pero no se puede confundir buscar la felicidad en lo que puede
dar un placer en unas circunstancias determinadas, y que pronto
se puede desvanecer, con el gozo permanente de la persona,
que procura hacer el bien. La libertad, condición indispensable
para ser feliz, debería situarse en el contexto de
la liberación de todo aquello que nos hace esclavos
de nuestras limitaciones.
El mejor don, recibido por las personas, es la libertad. Podemos
asegurar que todas las formas de opresión o de dominio
conllevan infelicidad, precisamente porque queda menguada
la libertad. El sobre proteccionismo, el autoritarismo y la
rigidez son formas negativas que ahogan la iniciativa, la
autonomía, la capacidad de escoger y de decidir que
son necesarias para saberse libres. También la educación
de la voluntad y la colaboración en las tareas del
hogar, que encontraremos en otros artículos de Responsabilidad
son referentes que confluyen en este.
Reflexionemos si valoramos la libertad como una conquista.
Por eso es por lo que no se puede decir nunca: ''ya lo he
conseguido'', sino: ''lo intentaré más''. La
libertad es una condición de estar dispuesto continuamente
a la mejora personal y esto comporta esfuerzo y lucha, para
que la razón haga ver lo que está bien y la
voluntad lo lleve a cabo. La libertad comporta una actividad
constante para resolver las dificultades internas de la propia
personalidad o las externas del ambiente. Esta conquista la
ampliaremos en dos puntos:
1. Liberarse de... Hace falta recordar que el contrario de
la libertad es la esclavitud. Por lo tanto deberemos enfocar
la libertad como una liberación de las limitaciones
que nos privan de la autonomía. A este respeto dice
Chesterton que ''el peor enemigo del hombre es él mismo''.
Para educar en la libertad, padres y madres deberán
dar testigo de esta cualidad con su actitud de esfuerzo diario
para vivirla mejor, procurando el dominio personal y el darse
a los otros. Y se debe entender la libertad como un reto para
liberarse de los defectos que disminuyen la responsabilidad
personal, con afán de superación. Es en este
sentido como debemos entender la libertad: tras la propia
aceptación y conocimiento propio, esforzarse y ser
coherentes con lo que decimos y como actuamos, así
hijos e hijas tendrán un ejemplo a imitar.
2. No a la mediocridad: Enseñar a vivir la libertad
a los hijos será ampliar sus horizontes; será,
en los niños, ayudar a fortalecer su voluntad; será,
en los adolescentes, animarlos a vivir grandes ideales que
fomenten su generosidad, a participar en organizaciones que
se solidaricen con los más necesitados; no permitir
que se pierda el tiempo y que se desarrollen armoniosamente
todas sus capacidades. Es evidente que todo lo que sea dar
buena formación, evitando formas recreativas frívolas
o superficiales, será un bien para su educación.
Muchas veces, las presiones del ambiente dónde los
jóvenes se mueven dificultan actuaciones loables que
resolverían muchos problemas de la sociedad actual.
Pensemos sí nos ocupamos en saber que amigos tienen,
qué les preocupa... etc. Los progenitores deberemos
proponer ideas que los eleven. Recordemos aquella frase: ''No
vueles como un ave de corral, si puedes volar como una águila''.
Está bien que cumplan sus deberes y es necesario que
así sea, pero no es lo mismo motivar al hijo o hija
para que saque las mejores calificaciones de la clase, para
ser el mejor, que motivarlo para que tenga más elementos
para vivir por los demás. Es un ejemplo que se puede
aplicar en todo. No está de moda hablar de espíritu
de servicio hacia los demás, pero la verdad es que
la vida de los jóvenes se enriquece con esta finalidad.
El egoísmo es el gran enemigo de la libertad. Los progenitores
tienen que procurar despertar en los hijos e hijas la magnanimidad
o la capacidad de hacer grandes actos, no conformarse y tener
ánimo para llevar a cabo grandes empresas. Por esto
es educativo empezar proponiendo pequeños retos para,
más adelante, lograr los más elevados.
Para concluir: reflexionar que es más libre aquel que
más ama. Los conflictos aparecen cuando se enfría
el amor. Tenemos que considerar la libertad como autodominio
para darse en el amor. Tengamos el objetivo en el ámbito
familiar de educar a nuestros niños y jóvenes
en la libertad, para que sean consecuentes con las opciones
que han decidido escoger, con autodominio y con un gran corazón
para amar.
Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar
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