Quizá convendría reflexionar si actualmente
estos medios orientan de una manera clara, verdadera y objetiva
y ayudan al perfeccionamiento de la persona o, por el contrario,
los mensajes que nos llegan, no construyen, sino que transmiten
una idea degradada del hombre y de su dignidad. Pensemos en
la TV, ya que estadísticamente está demostrado
que nuestros hijos pasan o, quisieran pasar, muchas horas
viéndola.
El contenido de los mensajes está normalmente animado
por una ideología hedonista, en la cual, la única
norma de conducta es buscar solamente el placer. El hombre
se ha de mover exclusivamente por aquellas cosas que le resulten
agradables y útiles. Por impulsos primarios: comer,
afirmación personal, sexo. El ideal es el confort,
medida de la felicidad, y un excesivo sentimentalismo que
se aplican a la vida diaria como si fuese lo mejor.
La publicidad nos presenta continuamente elementos y situaciones,
en que el consumo es casi una obligación. Consumir
es un verbo con un contenido tan grande de competitividad,
que lleva a muchos a tener deseos desmesurados y, en muchas
ocasiones, desproporcionados a la propia situación
económica.
En algunos espacios se crea confusión cuando se pone
al mismo nivel: la verdad y la mentira; lo que es anormal
como si fuera anormal. También cuando se enaltece la
pornografía y la violencia.
Ante este panorama los padres debemos buscar soluciones por
la influencia negativa que pueden recibir nuestros hijos.
Por tanto, conviene dar criterio con el fin de educar su capacidad
crítica para enseñarles a distinguir y a elegir
y a la vez buscaremos otras alternativas de tiempo libre;
actividades, excursiones o deporte, entre otras, que mejoren
su personalidad.
Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar
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