Es
muy importante a la hora de repartir los encargos, el conocimiento
de cada cual y su edad y carácter. Debemos observar como
es este hijo o hija y sus posibilidades; el encargo tiene una
función educativa, por lo tanto tiene que ser adecuado
a su individualidad; se trata de saber qué hará
bien hecho, para poderle valorar o lo que le hará un
bien para aumentar sus capacidades. Tener una responsabilidad
en el hogar, es siempre un medio para crecer en la responsabilidad
personal y para que los hijos y hijas pequeños y grandes,
comprueben que la verdadera felicidad está en hacer la
vida agradable a los otros.
Todos sabemos por propia experiencia que padres y madres
hacemos más deprisa lo que hemos encargado pero también
es uno hecho, que para educar hay que tener paciencia y saber
esperar. Los resultados nunca son inmediatos, pero seguramente
tendremos muchas ocasiones para valorar el esfuerzo hecho,
cuando se ocupan de lo que les hemos pedido, y también
la madurez de los progenitores al hacer el seguimiento de
que aquello se cumpla, sin impacientarse. Por ejemplo: ''tú
puedes hacerlo, estoy seguro'', ''te felicito por lo que has
hecho'', “¡que alegría me has dado!'',
''si me necesitas dímelo''. Este estilo de frases ayudan
a crear auto-estima y que todos tengan una actitud positiva
que fomente una buena disposición para obedecer.
Para estimular la iniciativa y la ilusión, es muy
práctico reunirse para hacer el reparto de tareas,
y que quede escrito en un cartel, a quien se adjudica cada
cosa. Mensualmente se tendrá que revisar y hacer los
cambios oportunos. Por ejemplo, el encargo de recoger la cocina,
no es igual que el de tomar nota de quién telefonea,
o el de programar la televisión para los niños;
por lo tanto, se debe hacer de suerte que todos vayan cambiando
y que no les resulte arduo.
Aparte de la tarea que se acuerda, se da por supuesto: el
cuidado de las cosas personales. Desde pequeños deben
recoger sus juguetes, si es necesario, con la ayuda de un
mayor, y más adelante hacerse la cama y otras responsabilidades.
No olvidemos que uno de los grandes valores que transmite
la familia es ayudar a los suyos a ser agradecidos, por esto,
el agradecimiento que demostramos en ser ayudados es fundamental
a la hora de transmitir este valor. Tenemos que saber dar
pero también tenemos que saber recibir. Si padres y
madres se acostumbran a recibir ayuda, podrán dar las
gracias y no se quejarán de la poca participación
familiar.
Conviene elaborar una lista de los encargos que se pueden
llevar a término, puesto que cada familia tiene su
estilo, sus circunstancias y sus necesidades, después
de un buen diálogo, se les puede hacer participar en
unas cuántas tareas, y así, se animarán
a ser más responsables, a esforzarse para mejorar personalmente,
a acabar el trabajo encargado y, sobre todo, a saberse útiles
y valorados en el hogar.