No hace mucho, me encontré en una escuela a una maestra
preocupada por un niño inmigrante que era menospreciado
en el aula y una madre, con toda sinceridad, comentó
que a ella tampoco le gustaba ese niño. Con su actitud
negativa potenciaba que su hijo no se acercara al niño.
Ya quedaba todo explicado, si bien su sinceridad dio pie a
otras aportaciones que podían hacer que cambiara de
opinión. Debemos procurar, ante nuestros pequeños
y nuestros adolescentes, no hacer nunca ningún comentario
negativo de nadie y saber acoger a los que son de diferente
cultura o raza.
Destacaré a continuación defectos que pueden
entorpecer el respeto y la tolerancia:
El amor propio: El primer enemigo lo tenemos dentro de nosotros
mismos: es el amor propio, que siempre es un mal consejero.
Nos hace creer que siempre tenemos la razón y nos cuesta
aceptar que los demás no piensen lo que pensamos nosotros.
En educación, y no solo en educación, esto es
un problema, ya que hay que admitir en los demás una
manera de pensar y de obrar diferente de la nuestra. Hay muchas
materias opinables y no debemos ser rígidos al defender
nuestras ideas, ya que una actitud abierta hacia las de nuestros
jóvenes será la llave para una bona tolerancia.
Confundir la tolerancia con el relativismo: Esta actitud,
que se traduce en frases como: "la mayoría piensa",
"se dice", "todo es bueno", "los
tiempos han cambiado", "todos lo hacen", etc.,
es bastante grave. Es de Santo Tomás la frase: "Donde
no hay distinción hay confusión", Por esto,
en la familia, hijos e hijas deben de encontrar pautas y orientaciones
sobre la verdad, la formación de la conciencia y la
rectitud en las intenciones.
La falta de confianza: Muchos conflictos de convivencia surgen
por la falta de diálogo, base de la comunicación.
Sin diálogo, no tendríamos capacidad para comprender,
ni elementos de juicio, ni saber que piensan nuestros hijos
e hijas acerca de temas importantes como la vida, la sexualidad
o el ambiente que se pueden encontrar en la escuela y en la
calle. Si no se explican, por miedo a nuestra rigidez, no
podremos dar nuestra opinión sobre lo que es mas conveniente,
ya que no sabremos que solución sugerir.
Actitud negativa: Tenemos que ser positivos para actuar con
serenidad y ocuparnos con tranquilidad de temas que preocupan
a los hijos, especialmente en la adolescencia. Después
de una conversación se pueden entender muchos conceptos
equivocados y siempre se pueden encontrar puntos en los que
se está de acuerdo para conseguir el acercamiento con
el hijo o hija. La verdad lucirá mejor siempre que
sea defendida con amabilidad, constancia y sin violencia.
Queremos que nuestro hijo e hija sea comprensivo sociable.
El termómetro de su tolerancia y respeto será
la comprensión que tengan con el punto de vista de
los familiares, amigos y conocidos. Que nunca haga agravios
a nadie. Todo el mundo tiene la posibilidad de cambiar si
es bien tratado. Por esto, se dice lo que no esta bien, pero
con gran amor hacia la persona que ha actuado mal. Si los
padres y madres tienen respeto por la intimidad de sus hijos
y tolerancia, sin dramatizar, sin enfrentarse, conseguirán
de ellos y de ellas que reconozcan sus dificultades personales
y y tengan la posibilidad de resolverlas.