Destacaremos cuatro conceptos prácticos para hacer
buen uso de la TV:
1. Ver los programas con los hijos e hijas: Es bueno acompañar
a las criaturas, estar a su lado, para hacerles distinguir
realidad de ficción. Cuando son pequeños, les
gusta mucho que les expliquen el significado de lo que ven
y también es conveniente hacerles preguntas sensatas
para saber los efectos que les produce lo que han visto. De
más grandes, está demostrado que ayudar a tener
espíritu crítico y establecer un diálogo
sobre lo que se ha visto juntos los va animando a saber escoger,
lo cual es muy importante para su formación humana.
2. No tener la televisión como una "niñera
electrónica": No puede ser de ningún modo
que la televisión sea la que cuide a nuestras criaturas.
Esto es especialmente importante para aquellos padres y madres
que no pueden estar en casa cuando sus hijos llegan de la
escuela y no se pueden ocupar de la selección de los
programas. Sabemos que muchos programas pueden denigrar la
dignidad humana y que las imágenes de la publicidad
sirven para tener deseos desmesurados de consumo, etc. Nadie,
y menos la televisión, puede quitar el derecho a los
progenitores de educar a los suyos.
3. No hacer zapping: La costumbre de cambiar continuamente
de canal no educa la distinción que se tiene que hacer
de los diferentes programas que se han previsto ver. Tampoco
podemos fiarnos de que los espacios llamados infantiles sean
los adecuados para nuestros hijos. Muchos pueden incitar a
la violencia, al lenguaje vulgar, a la superficialidad. La
única solución para no hacer zapping, es enterarse
bien de la programación y de sus contenidos. Una buena
guía podéis encontrarla en esta página:
www.taconline.net.
4. Ir creando en casa una videoteca con películas
y documentales de temas interesantes para todos los miembros
de la familia: Esta sería una tarea a hacer y un buen
objetivo para vivir los encargos, que ya se ha comentado en
los artículos de educación de la responsabilidad.
Los hijos de más edad se podrían ocupar de grabar
documentales que favorecieran el amor a la naturaleza, programas
de manualidades, competiciones deportivas, películas
infantiles o juveniles. Se trata de la ilusión por
colaborar en una actividad de ocio, pero que nunca seria la
única, y que padres y madres sabrán buscarle
otras alternativas con imaginación y sentido común.
Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar
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