Luego respiramos aliviados y nos quedó la tranquilidad
de saber que los habíamos amado, valorado y aceptado
y esto ya estaba relacionado con su autoestima y con su capacidad
para saber convivir. En definitiva el resultado de una buena
educación siempre está cimentado en el cariño
y en el amor.
Los psicólogos Slovey y Mayer nos definen la inteligencia
emocional como la capacidad de controlar y regular los sentimientos
de uno mismo y de los demás, utilizándolos como
guía de pensamiento y de acción. La educación
de los sentimientos incluye las capacidades del conocimiento
propio, autocontrol, equilibrio emocional, saber relacionarse
bien con los demás desarrollando la empatia, para reconocer
y comprender los sentimientos de los demás y confiar
en ellos; también el optimismo y el agradecimiento.
He escuchado a muchos padres angustiados por sus hijos adolescentes
que frecuentan locales con el riesgo de droga, alcohol, pornografía.
He leído que en Estados Unidos algunas de les familias
con hijos conflictivos son internados por 40.000 dólares
al año al Sur de Jamaica, con vistas al Caribe, en
un centro al que llaman de modificación del comportamiento,
que se encarga de enderezarlos durante 3 años casi
en régimen carcelario para enseñarlos a convivir.
Veo que muchos adolescentes son víctimas de agravios
por parte de sus compañeros de escuela. Es un acoso
nombrado “bullying”. Parece ser que tanto las
víctimas como los agresores necesitaran de terapias
para mejorar sus actitudes. Quizás esta conducta agresiva
por parte del agresor sea, entre otras causas, el resultado
de un abandono de los hijos que reaccionan de la forma en
que los han tratado creyendo que el mundo es hostil y su violencia
se hace frecuente en las aulas donde ser el “matón”
de la clase puede convertirse en ser el líder de ella.
Son tiempos de velar por nuestros pequeños y nuestros
adolescentes, enseñarles a comprenderse y dedicarles
tiempo de calidad con sumo afecto.
Daniel Goleman en su best-seller “Inteligencia emocional”
nos describe el programa dirigido por el psicólogo
Eric Shaps en Oakland, California, en escuelas para niños
de 10 años. Puede ayudar a mejorar los conflictos de
los escolares. Sabemos que el maestro debe tener una importancia
relevante en la formación de nuestros hijos. Nos lo
explica así:
El maestro muestra los colores del semáforo a los
alumnos con el siguiente cartel escrito:
• Luz roja. Para, serénate y piensa antes de
actuar.
• Luz amarilla. Expresa el problema y explícalo
tal como lo sientes. Proponte un objetivo positivo. Piensa
en varias soluciones. Piensa también en sus consecuencias.
• Luz verde. Sigue adelante y trata de de llevar a término
el mejor plan.
La experiencia ha demostrado que estos tipos de consejos
por parte del adulto, en este caso el profesor, ayudan al
control del niño enojado y en la etapa adolescente
puede afrontar mejor sus problemas. Es, sencillamente, algo
tan sencillo y tan difícil, como reflexionar para actuar
con serenidad. Pienso que nos puede servir también
a los mayores en caso de enfado. En nuestro hogar puede ser,
también, una forma simpática de aviso cuando
tenemos peleas entre hermanos o bien cuando nuestros hijos
demuestran una irritación exagerada.
Recordamos algunos puntos a tener en cuenta, relacionados
con los sentimientos:
1.- Que la primera infancia es fundamental para los sentimientos
de los pequeños. Que hemos de demostrar con caricias,
miradas, abrazos y palabras que nos agrada que sea el nuestro
hijo, nuestra hija. Y que la relación de la madre con
su pequeño recién nacido ocupa un papel primordial.
Es importante también que el padre se vaya incorporando
al cambio de pañales, baños y por supuesto que
también acaricie y abrace mucho a su hijo.
2.- Dar tiempo y enseñar que expresen sus sentimientos.
Puede que lleguen del colegio con aire cansino. Ante nuestra
pregunta: “¿Qué tal?”, “¿cómo
va todo?”, no nos conformamos, los padres, con respuestas
como: “voy tirando”, “regular”, “fatal”,
les escuchamos, sin mirar el reloj y esperamos que cuenten
ampliamente que les sucede, desde el fondo de su corazón.
2.- Que en su etapa adolescente seguiremos demostrándole
que estamos muy contentos de que sea nuestro hijo, le demostraremos
este afecto con el gesto de un abrazo o un beso aunque nos
pareciera que no le hace ninguna gracia. Debemos reforzar
también el diálogo. Marcar límites para
horarios de salidas de noche, navegación por Internet
y revisar gastos de móvil. “Vigilar el mal incipiente
antes que no tenga tiempo de madurar”, según
William Shakespeare.
3.- Buscar con ingenio e imaginación oportunidades
para pasarlo bien con los hijos. Fomentar las actitudes positivas
y el optimismo.
4.- Estar pendiente de cualquier síntoma extraordinario
en su comportamiento como terrores nocturnos, aislamiento
o agresividad, para detectar si hay alguna anomalía
en les sus relaciones con los demás compañeros
del colegio y comentarlo en las tutorías.
Y para finalizar una breve reflexión con esta frase
de Aristóteles:
“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto,
en el momento oportuno, con el propósito justo y del
modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.