Para educar la voluntad tenemos que apoyarnos en la creación
de hábitos y en las motivaciones:
1.- Creación de hábitos:
Es en la primera infancia cuando se han de inculcar los hábitos
y, así, de una manera habitual, los hijos van haciendo
aprendizaje del esfuerzo. Lógicamente cada familia
tiene su estilo de vida y sus circunstancias, si bien deberá
haber unas reglas de juego en el hogar para hacerse obedecer
y hacer más agradable la convivencia de todos. La costumbre
de cumplir lo que está establecido en la misma hora
es necesaria, si bien, alguna vez, se podrá tener la
flexibilidad de hacer algún cambio. Pero siempre por
unas circunstancias extraordinarias y, como que los niños
viven el momento, es aconsejable ser previsor y avisarlos
con tiempo.
El orden es fundamental en la educación. Tener unos
horarios para levantarse y para ir a dormir, para la hora
de la comida, para el tiempo de ocio, para el estudio, para
recoger los juguetes... Es conveniente organizarse, teniendo
en cuenta las posibilidades y limitaciones del matrimonio,
no se diera el caso de que por demasiado perfeccionismo nos
equivocáramos a la hora de marcarnos objetivos para
conseguir. Por esto, es evidente que se tiene que prever el
horario del día de fiesta y el horario del día
de trabajo, hablando los dos cónyuges y poniéndose
de acuerdo por repartirse las tareas. La experiencia nos demuestra
que muchas veces recae todo sobre la madre, defecto que hay
que evitar. El orden de un hogar no será el de un museo,
ni de un cementerio, puesto que cuando hay vida hay movimiento,
más bien será el orden de un obrador, donde
el amor de los padres hacia los hijos marcará los límites
de lo que se han propuesto. La voluntad de los hijos se fortalecerá,
si la van ejercitando, con el cumplimiento de sus obligaciones
diarias.
2.- Las motivaciones:
Nuestros hijos e hijas tienen que tener el deseo de cumplir
aquello que piden los padres y que los ayudará a hacerse
responsables. Se por esto que una actitud positiva anima a
la obediencia y a hacer las normas establecidas con más
ilusión. En este tema, conviene recordar que la autoestima
de cada cual es necesaria para obedecer con más prontitud.
Tenemos que tener unos objetivos claros de la formación
que queremos dar a los niños y adolescentes y de los
valores que queremos transmitir. Los retos que queremos que
logren han de estar a su alcance para poder valorar el esfuerzo
puesto que, sí pidiéramos más que sus
posibilidades, les causaríamos una constante frustración
que los dejaría sin motivación para llevar a
término aquello que tienen que hacer. Por esto, se
debe de conocer con profundidad a cada hijo o hija y pactar,
dialogar, para llegar a acuerdos.
Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar
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